sábado, 16 de agosto de 2008

Diversión y violencia: ¿signo de una educación en crisis?

Esta nota Publicada el 11/08/2008 en el sitio web "Economía para todos" , (www.economiaparatodos.com.ar), me pareció interesante como para ir distiguiendo aquellos indicadores que nos permitirán construir el perfil del sistema de requerirá nuestro país en este siglo e ir descubriendo, a través de nuestras reflexiones y experiencias, nuevos paradigmas sin olvidar aquellos que deben ser permanentes para cualquier profesional comprometido con la tarea educativa y presente en cualquier política educativa.

Aquí Eduardo Cazenave, rector general del Colegio San Juan el Precursor y miembro del equipo de profesionales de la Fundación Proyecto Padres, nos da algunas pistas que nos permitirán ir avanzando en el armado de los perfiles de los actores del hecho educativo

Es preciso recuperar la visión de que la educación es una tarea en el largo plazo que se basa en el esfuerzo, no en la gratificación inmediata.

El ser humano es un ser incompleto, que pasa la vida completándose consciente de que su tarea es inalcanzable, al menos en esta tierra. Perfeccionarse es un camino que lleva toda la vida y que sin duda no puede hacerse solo. Por eso nacemos en una familia, con su tiempo, lugar, ideales y modelos. De eso se trata la educación: salir de uno mismo para ir al encuentro de nuevos saberes, culturas y personas. Los principales agentes educativos son la familia, las instituciones educativas, los medios de comunicación y el Estado. Hay además un agente principal, que es el educando mismo, aquel que se educa y se deja educar. Todos estos agentes actúan entre sí, mezclándose, confundiéndose, tomando distintos roles y papeles y formando entre todas esta gran sociedad en la que vivimos.

La educación toda se juega en un plano de crisis, presentada por dos factores: el tiempo y la desigualdad.

Vivimos en la cultura del zapping, de la inmediatez, del “llame ya”, del resultado sin esfuerzo, de las dietas mágicas sin dejar de comer, del aprender inglés durmiendo, de la fama sin el reconocimiento, del dinero sin el trabajo. Todo debe obtenerse en el momento, casi al instante, porque no hay tiempo que perder, mientras perdemos el tiempo. En ese panorama, se tiene que mover la educación permanente, la que dura toda una vida. En ese contraste juega su tiempo la semilla que rompe la cáscara pero que aún le faltan años para ser árbol y más para ver frutos. La educación es necesariamente largoplacista, rompiendo el molde de la inmediatez. Aunque suene antipático, la educación no es divertida, y si bien debe buscar la motivación del que aprende y despertar su interés, debe necesariamente mantenerse en el plano de la desigualdad y defender su identidad de “no divertida”. Solo se educa desde la desigualdad. El padre debe diferenciarse del hijo, el maestro del alumno, el que manda del que obedece. Si se confunden entre sí, se genera una situación de anomia, de pérdida de referentes, de caos social y de violencia.

Los que educan deben mostrarse distintos, confiados en que son portadores de los valores y los saberes que la generación que le sigue necesita. Deben mostrarse alegres y esperanzados, a pesar de los rechazos y de la sensación de nadar contra la corriente. Deben mostrar entusiasmo por lo que son y lo que enseñan, generando en el que aprende ganas de aprender, e inclusive, de ser mejores.

Educar es la tarea más noble a la que hemos sido llamados, todos los padres. Teniendo como referentes a los que nos precedieron y como horizonte a nuestros hijos. En nuestros ojos verán esperanza, y en los de ellos, el futuro que tal vez no veamos, pero que sabemos que ellos verán con sus hijos, y los hijos de sus hijos, construyendo una Argentina mejor.

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