domingo, 31 de agosto de 2008

Tiempo de acciones en el siglo XXI

En la revista virtual Economía para todos siempre hay un espacio para lo educativo, para una formación en valores.Un educación que no sea una mera réplica de lo que sugieren los medios masivos de comunicación, sino por el contrario sea transformadora, de ahí que este artículo nos resulte interesante. También viene a poner en la mesa del debate una serie de reflexiones que venimos haciendo un grupo importante de profesores, ya es tiempo de acciones

Los adultos somos responsables de que la diversión de nuestros hijos no sea trágica y de que la energía que hoy deriva en violencia se transforme en creatividad para vivir.
“Nosotros no divertíamos de otra manera”, repetimos los adultos cuando vemos a las formas violentas y compulsivas de la “diversión” adolescente. Nos desconcierta el fenómeno, confesamos no entender “qué pasa con los chicos”. Pero los chicos no son generadores de conductas ni de modelos. Ellos replican, amplifican, divulgan conductas y modelos, no los crean, los adaptan. Si decimos que hay un problema con los modos de diversión juvenil y con su violencia, con su desborde, nos equivocamos. El problema está en los modos de diversión, en las maneras de vincularse, en las interacciones de los adultos. Los chicos son espejos que devuelven imágenes. ¿Qué hay ante ellos? El mundo de los adultos. Cuando no nos gusta la imagen en el espejo, de nada sirve romperlo, criticarlo, cambiarlo, taparlo. ¿Qué podemos hacer con nosotros para que la imagen que nos devuelve el espejo sea diferente? Vivimos en una sociedad violenta, con poca tolerancia ante las diferencias, en la que, más allá de las proclamas, resulta difícil construir consensos, transformar las diferencias en fuente de encuentros. Es una sociedad inclinada a resolver sus conflictos por imposición o exclusión. Vivimos en una era de crisis espiritual. Despreciada la importancia del otro para la propia existencia, y olvidados los propósitos trascendentes que le dan sentido a cada vida, caemos en el vacío de la angustia existencial. Este tipo de angustia no se calma con lo material, ni aislándose de los otros, no se atenúa con el éxito social, con el consumo. El antídoto está en la creación de vínculos humanos trascendentes, con propósitos que incluyen al otro, con acciones que mejoran el mundo y nos permiten dejarlo mejor de como lo encontramos. Cuando esto no ocurre, buscamos alivio en las adicciones o manifestamos nuestro malestar a través de formas violentas de expresión o de resolver conflictos. Aunque muchas adicciones son socialmente aceptadas (alcohol, consumo, trabajo, medicamentos, etc.), la sociedad deviene adicta. Y, en la ansiedad por escapar a la angustia sutil y permanente, elige formas compulsivas y a menudo extremas de diversión. En esa pecera social de intolerancia y hábitos nocivos nacen, beben y se desarrollan nuestros hijos. ¿Qué haremos los adultos para cambiar tal hábitat, qué compromiso tomaremos para transformar las conductas que ellos replican? ¿En qué acciones transformaremos ese compromiso? Es tiempo de que los sustantivos (nuestra preocupación, nuestras intenciones) se conviertan en verbos, en hechos concretos. Los adultos somos responsables de que la diversión de nuestros hijos no sea trágica y de que la energía que hoy deriva en violencia se transforme en creatividad para vivir. © www.economiaparatodos.com.ar

sábado, 16 de agosto de 2008

Diversión y violencia: ¿signo de una educación en crisis?

Esta nota Publicada el 11/08/2008 en el sitio web "Economía para todos" , (www.economiaparatodos.com.ar), me pareció interesante como para ir distiguiendo aquellos indicadores que nos permitirán construir el perfil del sistema de requerirá nuestro país en este siglo e ir descubriendo, a través de nuestras reflexiones y experiencias, nuevos paradigmas sin olvidar aquellos que deben ser permanentes para cualquier profesional comprometido con la tarea educativa y presente en cualquier política educativa.

Aquí Eduardo Cazenave, rector general del Colegio San Juan el Precursor y miembro del equipo de profesionales de la Fundación Proyecto Padres, nos da algunas pistas que nos permitirán ir avanzando en el armado de los perfiles de los actores del hecho educativo

Es preciso recuperar la visión de que la educación es una tarea en el largo plazo que se basa en el esfuerzo, no en la gratificación inmediata.

El ser humano es un ser incompleto, que pasa la vida completándose consciente de que su tarea es inalcanzable, al menos en esta tierra. Perfeccionarse es un camino que lleva toda la vida y que sin duda no puede hacerse solo. Por eso nacemos en una familia, con su tiempo, lugar, ideales y modelos. De eso se trata la educación: salir de uno mismo para ir al encuentro de nuevos saberes, culturas y personas. Los principales agentes educativos son la familia, las instituciones educativas, los medios de comunicación y el Estado. Hay además un agente principal, que es el educando mismo, aquel que se educa y se deja educar. Todos estos agentes actúan entre sí, mezclándose, confundiéndose, tomando distintos roles y papeles y formando entre todas esta gran sociedad en la que vivimos.

La educación toda se juega en un plano de crisis, presentada por dos factores: el tiempo y la desigualdad.

Vivimos en la cultura del zapping, de la inmediatez, del “llame ya”, del resultado sin esfuerzo, de las dietas mágicas sin dejar de comer, del aprender inglés durmiendo, de la fama sin el reconocimiento, del dinero sin el trabajo. Todo debe obtenerse en el momento, casi al instante, porque no hay tiempo que perder, mientras perdemos el tiempo. En ese panorama, se tiene que mover la educación permanente, la que dura toda una vida. En ese contraste juega su tiempo la semilla que rompe la cáscara pero que aún le faltan años para ser árbol y más para ver frutos. La educación es necesariamente largoplacista, rompiendo el molde de la inmediatez. Aunque suene antipático, la educación no es divertida, y si bien debe buscar la motivación del que aprende y despertar su interés, debe necesariamente mantenerse en el plano de la desigualdad y defender su identidad de “no divertida”. Solo se educa desde la desigualdad. El padre debe diferenciarse del hijo, el maestro del alumno, el que manda del que obedece. Si se confunden entre sí, se genera una situación de anomia, de pérdida de referentes, de caos social y de violencia.

Los que educan deben mostrarse distintos, confiados en que son portadores de los valores y los saberes que la generación que le sigue necesita. Deben mostrarse alegres y esperanzados, a pesar de los rechazos y de la sensación de nadar contra la corriente. Deben mostrar entusiasmo por lo que son y lo que enseñan, generando en el que aprende ganas de aprender, e inclusive, de ser mejores.

Educar es la tarea más noble a la que hemos sido llamados, todos los padres. Teniendo como referentes a los que nos precedieron y como horizonte a nuestros hijos. En nuestros ojos verán esperanza, y en los de ellos, el futuro que tal vez no veamos, pero que sabemos que ellos verán con sus hijos, y los hijos de sus hijos, construyendo una Argentina mejor.

sábado, 9 de agosto de 2008

Tecnología y Metodología

El video que se ve a continuación nos permite reflexionar sobre la atención que debemos prestar a la supuesta innovación, la cual se encuentra profundamnete inpreganada por la resistencia al cambio


Tecnologías utilizadas en la Educación a Distancia

La educación a distancia el desafío del siglo XXI y una de las formas de asegurar la igualdad de oportunidades.







http://www.youtube.com/watch?v=hKg5V0FjUwk

La tecnología al servicio de la educación

Empecemos así, desde esta concepción de educación http://www.youtube.com/watch?v=Cr7xp1MUxu8